Casco de Seguridad Para Obra 

Los cascos de seguridad están compuestos por dos partes principales: el armazón y el arnés. El primero es un elemento de gran resistencia que evita que cualquier objeto pueda perforar el casco o deformarlo, salvaguardando así el cráneo de los posibles daños físicos. Por su parte, el arnés tiene cuenta con un cuidado diseño que distribuye la carga de la fuerza sobre una zona más amplia de la superficie de la cabeza, evitando así daños en los órganos internos.


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Los cascos de seguridad protegen fundamentalmente de:

  1. Riesgos mecánicos como lesiones en el cráneo debido a golpes de objetos externos que caen sobre la cabeza o caídas de elementos puntiagudos cuya fuerza puede provocar que estos penetren en la cabeza.

  2. Riesgos térmicos: quemaduras, salpicaduras de metal fundido, chispas, etcétera.

  3. Riesgos eléctricos: descargas electrostáticas, contactos accidentales con materiales conductores de la electricidad...


Para que la efectividad del casco contra los golpes sea real, este debe estar correctamente ubicado en la cabeza y ajustado a la mandíbula con la correa, de lo contrario, su efectividad podría disminuir de manera alarmante y no proteger lo necesario contra los posibles daños asociados a determinadas tareas. Del mismo modo, es necesario revisar cada cierto periodo de tiempo que el casco se encuentra en perfecto estado, que no presenta rajas, rotos u otras alteraciones que pudiesen disminuir su eficacia. El casco de seguridad debe tirarse a la basura y reemplazarse por otro si se decolora, pues esto es una prueba de que la acción del sol ha debilitado los materiales que de los que está hecho (ABS, polietileno o polipropileno). También deben desecharse si han sufrido un fuerte golpe aunque no presenten roturas o marcas, pues la potencia podría haber afectado a su constitución.